sábado, enero 21, 2006

DESATENDIENDO A HEIDEGGER


Desacreditar a Heidegger, creo haberlo dicho en más de una ocasión, es tarea harto complicada. Santiago Navajas, que plantea una breve pero informada diatriba, cree hacer lo primero, cuando en realidad aseguraríamos que recae en lo intitulado.

Plantea bien, inicialmente, la crítica mediante un parangón, que también deviene natural para un servidor, entre Heidegger y Wittgenstein, a sendos extremos opuestos de una supuesta línea epistemológica de la Filosofía:

" Heidegger, como su alter ego analítico Wittgenstein, transmite una sensación de pureza, de utopía existencial, como si fueran dos Maestros Zen. El carácter utópico de la filosofía de ambos les llevó a posiciones extremas de violencia conceptual ".
Obviando la referencia al Zen, que no viene al caso, es interesante ver cómo Navajas - que es un liberal confeso - categoriza de " utópica " la ambición filosófica de ambos. Primero, tal categorización es gratuita puesto que en voluntad, respetabílisima como pocas, de Heidegger y Wittgenstein, así como de la Filosofía en general, está encontrar la verdad, aún siendo nimios e inseguros los mínimos hallazgos. Atribuir tal voluntad de utópica, es ya dar por sentado la invalidez de los resultados, es decir, comprometerse de entrada con otro modo de pensamiento. Más adelante veremos cual...

Continúa politizando - como buen liberal: politizar es demonizar - a ambos pensadores:

" Heidegger fue un nazi de carnet y cuotas satisfechas. No exactamente un nazi filosófico, aunque le atraía de éste su carácter antiburgués y agrario. Wittgenstein, por el contrario, era un urbanita, así que prefirió la compañía de los utópicos comunistas ".

Lo primero es matizable - la implicación política de Heidegger con el nazismo es materia de controversia permanente - y lo segundo es, como mínimo dudoso. Habiendo caracterizado sendos pensadores de: " utopicos " y " totalitarios ", el razonamiento siguiente viene rodado:

" Popper, que puso de manifiesto el totalitarismo implícito en el pensamiento utópico de Platón, mostró también la relación necesaria, en Conjeturas y refutaciones, entre la utopía y la violencia. En este sentido, fue el utopismo ecológico, montaraz y agrario de los nazis el que sedujo a Heidegger, en contraposición a la vulgar rutina de la racionalidad burguesa que había surgido con la modernidad, y que se había transformado operativamente en la democracia parlamentaria, el capitalismo y la alianza entre la ciencia y la tecnología ".
Si alargamos la sombra idealista de Platón sobre Heidegger - léan qué afirma Heidegger de Platón, porque no es legítimo ubicar los filósofos sólo desde fuera, sino atendiendo a su pensamiento respecto el particular - y Wittgenstein - cuyo platonismo filósofico, que no doctrinal, es materia interesante para atender en un estudio - ya tenemos a ambos como representantes de un supuesto " totalitarismo político " en el pensamiento utópico de Platón. Además de la irracional inquina Popperiana a Heidegger, como buen liberal tambien achaca conservadurismo tintado de violencia a Heidegger - los liberales son de monolítica convicción a este respecto, su relación con el conservadurismo es sin lugar a dudas paradójica; puesto que, por un lado es fuente inamovible y por tanto obstaculo para sus ambiciones y, por otro, es garante y parte aliada en la pretensión de mantener un nuevo orden ganado.

En otro orden, descubrimos las afinidades filosóficas liberales: Protagoras, Locke, Spinoza y Ortega y Gasset. En resumen y por orden, relativismo, empirismo, anticonservadurismo y cierto conservadurismo - lo de la relación paradójica antedicha. De un mejunje pragmático de lo anterior obtenemos el liberalismo profesado. Así, siendo liberal a ultranza, todos los pensamientos no afines al mismo son utópicos y platónicos - en el mal sentido - , y si además le sumamos el trasfondo histórico en que se situan ambos personajes - guerras mundiales y totalitarismos, ya tenemos terreno abonado para la diatriba.

Hecho el marco expositivo- en este caso ideológico y político en el mal sentido -, Navajas entra en materia y reproduce a grandes líneas la conferencia de Leyte. Respecto a lo cual no tengo más comentario que el siguiente - previo a la propia lectura de la obra de Leyte en un futuro venidero: la visión de Leyte que nos ofrece Navajas es una interpretación posible, me atrevería a decir que a priori no parece nueva sobre un Heidegger menos ontológico y más enraizado en el cometido de " Ser y tiempo ", así como supuestamente radical y nihilista. En todo caso, ésto sería objeto de otra entrada con otra voluntad, más específica y académcia, en esta bitácora... Aún así no dejamos de observar algunos agregados, más que tendenciosos del propio Navajas:

" No cree que Heidegger sea un filósofo sobre el Ser, como podría ser caracterizado Aristóteles (aunque éste abandonó la Metafísica, en otro de los grandes silencios filosóficos), y tampoco que Heidegger dejase de lado el proyecto de Ser y Tiempo, existencialista, para realizar una inmersión en el Ser, a partir de los años 30, coincidiendo con su fascinación por el Mesías ario, y hasta su muerte en 1976. "

En este mismo sentido, Navajas afirma lo siguiente:

"Además de otras dificultades, porque en Heidegger, como en Platón, como en Wittgenstein, resulta tan importante lo que dijo como lo que no dijo. "
Lo cual es cierto, aunque no así pretender juzgar sólo lo " no dicho "- lugar metafilosófico de la filosofía de uno - o dicho por otros - Popper - como aquello crucial para entender un pensador. Sería justo y relevante atender que pensaban tales pensadores sobre los temas particulares " utopía " y " totalitarismo ", por no citar los que le confieren por su supuesta ascendencia platónica: " violencia ". Así como atender a posteriori en qué manera pueden o no defenderse por si mismas tales teorías de los envites propiciados.

En conclusión, atender realmente a Heidegger es dar cuenta de lo anterior; que no es otra cosa que: Atender desde Heidegger a Heidegger mismo, intentar entender porque pensó lo que pensó y qué sentido y motivo útlimo tiene su pensamiento. Por el contrario, desatender a Heidegger es simplemente " enrocarse " dogmáticamente en la ortodoxia liberal. Así como, pretender atribuir al pensador ciertos adjetivos discutibles - por no decir falsos -, a su vez, tendenciosamente ilados por aspectos convenientes, aunque no directamente tomados en contexto ni en sintesis global, del pensamiento o doctrina del autor. Es decir, quedarse con lo siguiente:

" Lo que me sorprendió en la conferencia de Leyte es la negación del carácter reaccionario de la filosofía de Heidegger, ese utopismo montaraz y agrario al que me refería, presentándolo más bien como un profeta del futuro... de la técnica. Por otra parte, no hubo tiempo a tratar la pendiente de su vinculación política."

2 comentarios:

Libertariano dijo...

Un saludo, en cualquier caso

linus dijo...

A usted por la molestia.