viernes, noviembre 11, 2005

COMENTARIOS SOBRE CINE V.3


Continuando con el comentario al artículo de Vigalondo, entramos en - quizás - la parte más prolija y sugerente desde un punto de vista de la reflexión intelectual. Como ya habrán adivinado se trata de la última parte o, más concretamente, los interrogantes de la primera parte del artículo. Recuperaremos los interrogantes a la par que comentaremos sucintamente una " vía natural " de análisis de su sentido.


¿Hasta qué punto el cine de culto tiene que parecer cine de culto para que lo disfrutemos como cine de culto?

Respecto a éste interrogante emplazamos al lector a las conclusiones del comentario v.2, que en resumidas cuentas pretendían demostrar la necesidad ineludible de indentificar unas supuestas intenciones formales que condicionarán la adecuada recepción del contenido. Es decir, el cine de culto no tiene que parecerlo para serlo, tan sólo se debe dar una cierta presunción crítica - personal y/o colectiva - en este sentido. Así, una película como Blade Runner puede considerarse colectivamente de culto, puesto que hay una presunción crítica colectiva en este sentido. También ocurre lo mismo con una película como Moonstruck que particularmente para un servidor tiene tal presunción crítica. Nótese que en ningún momento hemos hablado de de un cierto código formal, sino de presunciones. Así, el apelativo de " cine de culto " tan sólo responde a intenciones supuestas: presunciones.


¿Puede una vulgar película de acción ser algo más que una vulgar película de acción sin dejar de parecer una vulgar película de acción? ¿O tienen que pasar cinco años para que podamos percibir el color de la esvástica?

El tiempo es un elemento clave para el reconocimiento en el ámbito artístico. En este sentido, es usual que el reconocimiento artístico de las intenciones o el valor que se concede a unas supuestas intenciones artísticas venga abalado no sólo por el tiempo, sino por un cierto quorum crítico general. Es decir, depende de qué presunción se pretenda que justifique el sentido formal de un contenido será necesario o no el tiempo. Así, una presunción crítica - en el sentido de la " oficiosa " crítica o historia del cine - necesariamente patentizará tal requisito, no así un reconocimiento colectivo particular - horizonte legitimador en propiedad del susodicho " cine de culto " - ni aún menos un reconocimiento en forma de presunción particular.

Transitada la primera parte del artículo nos disponemos ahora a comentar la segunda. Les advierto de antemano que su interés dista de esta primera que ha permitido tres entradas al respecto. Sin embargo, algunos elementos son interesantes y nos centraremos en éllos.

Vigalondo se pregunta:

" La gente que ve películas de Herzog lo hace porque… porque parecen películas de Herzog."

Esta interrogación nos permite incidir en un aspecto muy interesante, hasta ahora no planteado en esta serie de comentarios. Nos referimos a la cuestión del " estilo ". Definiriamos brevemente el estilo: como aquel conjunto de rasgos que identifican el quehacer de un artísta. Así, el estilo podría ser el equivalente a una supuesta repetición formal o reconocimiento de tales rasgos. Hay un estilo obvio en Herzog, cómo lo hay palmariamente en cineastas como: Burton o Lynch. De hecho, sus espectadores van a ver sus películas - respondiendo a Vigalondo - porque esperan reconocer tales rasgos o motivos propios de un autor; puesto que son estos motivos o la presunción de tal estilo lo que supone una garantía de satisfacción para éllos. En este sentido, el estilo sería el equivalente a una cierta presunción general de lo que ese autor en particular le ocupa a la hora de hacer su cine. En palabras más de aire artístico: las obsesiones del autor. Si un determinado autor define sus obsesiones i el público empatiza con una determinada presunción generalizada respecto a sus motivos fílmicos o estilo, puede hablarse del sello de autor de un autor determinado.

Siguiendo su reflexión, Vigalondo habla de un supuesto intento de transgresión radical injustificada en el hilo argumental de una película; valorando que tales intentos: " Hoy por hoy sé que no funciona. Hay un punto a partir del cual la broma deja de tener poder. Y apenas capacidad de provocación ". Tal afirmación nos da pie a introducir una nueva reflexión: las intenciones formales no solamente deben ser necesariamente supuestas por el espectador, deben ser valoradas por él. En otras palabras, no toda intención tiene que ser entendida, en particular, porque no toda intención del autor es buena. Así distinguimos dos ejes: hermenéutico y valorativo. El primer eje ya se ha comentado profusamente a lo largo de estos comentarios: la intención ha de ser entendida, si no es entendida jamás podrá ser valorada. En otro orden, aunque correlativo al anterior, aunque una intención pueda ser entendida no necesariamente puede ser bien valorada. Es más puede haber consenso general tácito o explicito de su invalidez.

Un aspecto realmente interesante es intentar comprender y explicar cómo se forma intuitivamente esa presunción de sentido por parte del espectador. Vigalondo se equivoca al afirmar: " No hay ningún proceso intelectual mientras se consume una película. La reflexión viene después… Después viene… la crítica… la reflexión o… el apaño." Esta afirmación es claramente falsa, me explico: durante el visionado empieza el proceso intelectual que pretende dar sentido a lo que se está viendo; en este sentido, la reflexión no viene después, al contrario, continúa después una vez terminado el visionado. Como se ha antedicho, el tiempo juega a favor de la crítica - institucionalizada o individual - a propósito de conferir un sentido o unas intenciones al autor de la película. Aún así, acierta notablemente en afirmar: " El problema es ese: Llevar la retórica a estos límites apenas funciona porque alude al espectador a un puramente intelectual, ni siquera emocional. Algo que he acabado condenando. Si negamos todas las complicidades formales, si no regalamos ningún caramelo, sólo nos queda la provocación ". Acierta en el sentido de " intentar comprender y explicar como se forma intuitivamente esa presunción de sentido ", puesto que identifica que ese proceso no puede ser llevado a cabo desde un fundamento puramente intelectual. De hecho, Vigalondo confiesa condenarlo porque intuitivamente ha comprendido que tal transmisión de sentido debe realizarse - en nuestra opinión - mediante un singular - y sobra decirlo - dificilisimo equilibrio entre lo intelectual y lo emocional en cuanto a la forma. Es decir, cada autor - y el mérito del cine de autor radica en ésto - debe encontrar la forma de armonizar su estilo - del que hablabamos antes - con ese equilibrio nunca igual pero siempre imprescindible que hace posible la presunción adequada del sentido del film. Así, ya sea la balanza cercana: a " lo intelectual " - pongamos un Bergman o Greenaway como ejemplos - o a " lo emocional " - me permitirán la licencia de mentar a Wong Kar-wai - debe esta equilibrarse de modo que no sólo las intenciones del autor sean reconocidas o presuntamente reconocidas y que funcionen, sino además, deben asegurar la adequada transmisión del sentido antedicho.

- Fin -

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