¿ Subrayar o no-subrayar ?, he ahí el dilema
Una duda atenaza mis hábitos intelectuales de lectura. Se trata de la pertinencia o no de subrayar los libros teóricos - me refiero a los que, comunmente, se denominan de No - ficción. Es una duda que hace unos años resolví afirmativamente, después de unos inicios lectores marcados por lo sacramental del trato con los libros. Sin embargo, en los últimos años se ha vuelto a generar en mi tal inquietud. Subrayar tiene la ventaja teórica de poner un mínimo de orden personal a los párrafos e identificar las frases más interesantes de lo leído. Sin embargo, la experiencia me ha enseñado que, pasados unos meses, volver a ese texto supone releer el párrafo entero para entender el sentido del fragmento señalado. Así, lo subrayado o no sirve de buenas a primeras - es necesario releer el texto completo - o no sirve en absoluto - lo subrayado nos parece en la relectura no tan significativo cómo antaño. De esta última conclusión sí que se puede extraer un valor positivo al subrayado; más concretamente, apercibirnos de los meandros y bifurcaciones de la memoria, de cómo lo importante en otro tiempo ha dejado de serlo hoy. Siguiendo este hilo, casi sentimental, nos encontramos con el verdadero motivo del subrayado, la lucha espiritual contra el olvido. Luchar contra el olvido del signficado de las miles de páginas leídas mediante señales que ya hemos pasado por ahí, que esos trazos son vestigios de una frágil memoria recurrente. No sé si esa sutil entelequia del trazo memorístico justifica sacralizar la página impresa, en todo caso debe rivalizar con una entelequia contraria: mantener el libro inmaculado, cómo herencia familiar, para los lectores futuros - con parentesco o no. Quizás, aunque el dilema no esté resuelto, sea hora de abandonar el egoísmo del interés privado y legar algo de valor a los que nos sucedan...